Yamgurumi
Nuestra historia · El Salvador

El taller donde cada amigurumi empieza con un nudo.

Esta es la parte de la historia que casi no se cuenta: la mesa, las horas y el hilo — y la primera vuelta donde todo empezó. Bienvenidos al taller de Yamgurumi.

El taller
La mesa y la aguja

Algodón 100% orgánico, relleno hipoalergénico y un solo par de manos por pieza. Nada sale del taller sin pasar por este control de amor.

La primera vuelta: cómo empezó Yamgurumi

Yamgurumi empezó como empiezan casi todas las cosas del taller: con una pieza que no estaba pensada para venderse. Una aguja, un ovillo y la idea de tejer algo que hiciera sonreír a alguien.

El primer amigurumi salió de la mesa sin plan, con más cariño que técnica. Se regaló; después se hizo otro, y los pedidos empezaron a llegar por el chat antes que por cualquier página.

Así nació la tienda: no desde un catálogo, sino desde la mesa del taller y la promesa de que nada se repite. Cada Yamgurumi se sigue tejiendo igual que el primero — una sola vez, a mano, para alguien.

“No planeé una tienda. Tejí una pieza, después otra, y una noche entendí que quería que cada amigurumi llegara a una casa como si hubiera sido hecho para esa casa.”

— La fundadora de Yamgurumi
Pieza Nº 0001
El primer Yamgurumi

Con ese primer punto no nació una tienda todavía: nació la idea.

Un paseo por el taller

Cuatro estaciones, un solo hilo. Así se hace cada Yamgurumi, del principio al canasto.

  1. La mesa de los materiales

    El taller arranca en una mesa con cajones llenos de hilo. Acá se elige el algodón, se pesa el relleno y se aparta el color exacto que va a llevar cada pieza.

    Es la estación más tranquila y la más importante: lo que se decide en la mesa se nota en cada punto.

    • Algodón 100% orgánico
    • Relleno hipoalergénico
    • Hecho a mano en El Salvador
  2. El patrón

    Antes de la aguja, el papel. Cada amigurumi nace en un boceto: el tamaño, la proporción y la vuelta exacta en la que todo empieza a tomar forma.

    Ningún Yamgurumi se repite: cada pieza se teje una sola vez, para la persona que la va a recibir.

  3. La aguja en la mano

    Tejer un amigurumi es cuestión de paciencia: vueltas cortas, aumentos escondidos y el relleno justo. La aguja se mueve despacio porque cada punto va a quedar a la vista.

    Una pieza chica puede llevar una tarde entera; una grande, varios días. El hilo no se apura.

  4. El canasto

    Hacemos envíos a todo El Salvador 🇸🇻. Coordinamos la entrega directamente por WhatsApp.

No es un peluche: es como recibir un pedacito del taller. Se nota cada punto.

— Quien recibe un Yamgurumi

Salí del taller con algo hecho a mano

El catálogo es la bolsa del taller: todo lo que hay listo hoy, esperándote.

Hecho a mano, tejido con amor · El Salvador